El soldado

Concurso de Relatos de MedoComenzaba el invierno del año 1814 en una aldea de la montaña. Esa noche llovía y en la humilde casa, Ramón y su familia dormían tranquilamente. Durante el día habían reparado una parte del techo que amenazaba con caerse. La obra había quedado bien pues no se apreciaban goteras por ninguna parte desde que comenzara a llover. Sólo el ruido de la lluvia rompía la calma de la noche, el viento no soplaba y las ramas de los árboles no se movían.

Ramón se despertó repentinamente pues creyó oír unas fuertes pisadas en el suelo de madera muy cerca de donde él y su mujer dormían. Estaba todo a oscuras y cuando echó mano a la vela para encenderla, ésta se le cayó de golpe, asustado ante lo que creyó ver delante de él. Su mujer se movió a su lado pero no llegó a despertarse hasta que Ramón le agarró muy fuerte del brazo. Pudieron encender la vela. A los pies del jergón donde dormían, una figura muy alta vestía un uniforme de soldado que tenía muchos agujeros, marcas de quemadura y jirones en la casaca desabrochada que dejaba ver la camisa manchada de sangre. Fue una imagen muy rápida pues la vela se apagó cuando el soldado levantó un brazo que parecía roto, diciendo con una voz muy profunda:

– La llevaré cuando llueva.

Volvieron a encender la vela y allí no había nadie. Los dos estaban llenos de miedo.

– No pudimos tener los dos el mismo sueño. Aquí no hay nadie y la puerta no se abrió.

Se levantaron apresuradamente y corrieron a la estancia donde dormían los niños. Estaban tranquilos, no se habían enterado de nada.

Cuando volvieron a su dormitorio vieron algo que les volvió a estremecer de miedo, unas manchas de barro como pisadas que entraban en su casa y se dirigían a su habitación. No fue un sueño, fue real.

Otra noche de lluvia, el matrimonio se despertó sobresaltado por el ruido de un portazo. Corrieron y vieron que faltaba uno de sus hijos y otra vez las mismas pisadas de barro. Los padres no sabían que hacer. Intentaron salir tras los pasos del soldado ensangrentado pero la lluvia borraba sus huellas. Alertaron a sus vecinos que sin dar resultado les ayudaron en la búsqueda de su hijo desaparecido. Alguno de estos no creyó la historia que le contaban y lo que pensaban era que Ramón se deshizo de su hijo porque no tenían dinero para alimentarlos a todos. Esto molestó muchísimo a Ramón que no volvió a pedirles ayuda.

Pasaron muchos días desde la desaparición del niño hasta que otra de esas noches lluviosas el soldado ensangrentado llevó otra vez a los otros dos niños. Ramón y su mujer estaban desesperados, sus hijos desaparecidos y quien sabe si vivos o muertos. Los vecinos no les creían su historia y a ellos mismos se les iba la vida de tanta pena que tenían.

La siguiente noche de lluvia, Ramón y su mujer esperaban que apareciese el soldado, pues aún no sabían porque les hacía eso o que le había hecho Ramón si es que alguna vez lo conoció.

Hablando con su mujer y haciendo memoria, se acordó de cuando estuvo en el ejército luchando contra los invasores franceses en una batalla que estaban siendo masacrados por las bombas enemigas, los pocos soldados que sobrevivieron se retiraban desordenadamente. Ramón llevaba un carro de caballos con munición cuando en un recodo de un camino, un soldado con tres niños de corta edad le cerró el paso gritándole que llevase a los niños con él. El soldado tenía dos niños en los brazos y el mayor estaba de pie junto a él. Como el soldado y los niños no se apartaban, Ramón enfurecido y lleno de miedo, le disparó al soldado que cayó fulminado al suelo.

Él y su mujer decidieron que en la próxima noche de lluvia intentarían hablar con el soldado.

Cuando llegó, a la pareja no le salían las palabras, hasta que Ramón tuvo el valor de decirle:

– ¿¡Dónde están mis hijos!? – gritaba histéricamente.

– Me los he llevado al bosque. Si los queréis recuperar tienes que darme tu vida, Ramón, así sabrás todo lo que sufrí.

La mujer muerta de miedo llorando quería que todo se acabase pero no podía elegir entre su marido o sus hijos. Ramón cedió. El soldado al ver la reacción no lo pensó ni un segundo y mató a Ramón de un disparo en la cabeza y se llevó el cuerpo al bosque. Su mujer estaba aterrada, cuando vio que sus hijos dormían tranquilamente como si nada hubiera ocurrido. A partir de ese día no podía dormir cada vez que oía la lluvia golpear el cristal de su habitación.

Macru

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